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“Como muchos otros oficios del sector primario, las rederas tenemos un problema de relevo generacional”
Sara González y María Jesús González nos reciben en la nave de Atalaia, la Asociación de Rederas del Baixo Miño, en A Guarda (Pontevedra). De generaciones diferentes, ambas tienen un profundo vínculo con el mar y provienen de familias de marineros y rederas.
En esta conversación hablamos del oficio de redera y de su diversificación creando productos de Artesanía de Galicia, que a su vez son una gran iniciativa de economía circular. Además de montar y reparar las del mar, estas mujeres tejen redes entre ellas para apoyarse en el trabajo y defender sus derechos.
Para quien no conozca vuestro oficio… ¿En qué consiste vuestro trabajo y cómo ha cambiado con el paso del tiempo?
Sara: Nosotras montamos y reparamos redes de pesca. Antiguamente las redes eran de hilo y todas se reparaban, ahora solo se reparan ciertos aparejos y, en nuestro caso, reparamos las lampreeiras (redes para la pesca de lamprea) en la temporada del río y el resto del año montamos material de tanza.
¿Cuál es la situación actual del oficio según vuestra experiencia?
María Jesús: Como muchos otros oficios del sector primario, tiene un problema de relevo generacional. Está muy envejecido. Normalmente en Galicia somos mujeres y la edad media es muy alta, ya se están jubilando muchas. No hay gente joven para sustituirlas porque es un trabajo duro y mal pagado, a no ser que tengas necesidad o un vínculo especial con el sector.
¿Cómo empezasteis a trabajar como rederas?
Sara: Mi madre ya era redera, así que desde pequeña empecé a ayudarle. En 2014, con 21 años, comencé a trabajar mientras estudiaba.
María Jesús: Entré en la asociación tan pronto como terminé el curso de formación impartido en esta zona por la asociación Atalaia y promovido por la Federación Gallega de Rederas. Muchas de las que hoy estamos aquí salimos de ese curso. Nos interesaba trabajar cerca de casa y autogestionar nuestro tiempo para poder dedicarnos también a las cargas familiares. Después de obtener el título nos hicimos socias.
¿Qué significa para vosotras ser rederas?
Sara: A mí me gusta mucho, es un oficio tradicional que se está perdiendo. Y no debería perderse, porque es muy bonito, además de necesario: sin redes, los barcos no pueden salir al mar. Tiene que haber relevo, necesitamos rederas. Tenemos que luchar para que sea económicamente viable.
María Jesús: A Guarda es una villa marinera, nuestro vínculo con el mar es muy importante. Forma parte de lo que somos.
Sara: ¡Llevamos las redes en las venas! (risas)
¿Qué habilidades requiere este oficio que creéis que no se reconocen lo suficiente?
Sara: Es que el único trabajo que se valora es el que hacen los hombres. Las redes que se valoran son las de arrastre, que hacen ellos. El resto es un trabajo muy manual, repetitivo, con grandes pesos porque no tienen un peso regulado… Nosotras movemos redes de 50 kilos y tenemos que hacerlo entre varias. Tenemos la suerte de estar en la nave, pero también hay compañeras que trabajan a la intemperie… Es un trabajo bonito pero sacrificado, y no está reconocido.
¿Os sentís valoradas por el sector pesquero?
María Jesús: Quiero pensar que hay conciencia de que las rederas somos necesarias, pero lo que pasa es que hay mucho intrusismo y competencia desleal. Hay personas que lo hacen como complemento, ya que no lo entienden como medio de vida, y tienen precios más bajos. No podemos competir con gente que no está dada de alta. Y esto también implica problemas de relevo generacional. Así que el sector pesquero debería mirar al futuro a largo plazo. Si seguimos así, tendremos que acudir a fábricas de China que traigan el aparejo cosido y que no sirvan para todos los mares ni den el resultado que tienen que dar.
Más allá de vuestro trabajo tradicional, habéis puesto en marcha una iniciativa de confección de accesorios a partir de redes. Un ejemplo de, además de diversificación, economía circular en el sector. ¿Cuándo y cómo surge?
Sara: Surge porque nuestro trabajo es inestable. Hay épocas de mucho trabajo y otras en las que no tenemos nada, pero tenemos que mantener esta nave igualmente. Desde la Consellería do Mar organizaron reuniones con diferentes rederas y nos propusieron hacer cursos de artesanía y pertenecer a la marca Artesanía de Galicia, ya que como rederas tenemos el certificado. Con las mismas técnicas que usamos en las redes, hacemos objetos de artesanía. Al principio era impensable hacer un bolso y ahora ya estamos acostumbradas. Vemos una red que llega para reciclar y ya pensamos qué podemos hacer con ella. Otra forma de diversificar el trabajo y los ingresos son las visitas al taller para todos los públicos.
¿Y también dais charlas para adolescentes para que descubran que puede haber una salida laboral?
María Jesús: Desde la Federación estamos trabajando con la Consellería de Educación para establecer un ciclo de FP en el que se enseñen las redes pero también otras habilidades como por ejemplo las digitales. Esta actividad se transmitía de padres a hijos, pero ahora para ser redero necesitas una vía oficial.
Volviendo al tema… vendéis bolsos, collares, agujas… y todo con el sello de Artesanía de Galicia. ¿Fue fácil llegar hasta aquí?
Sara: No, la verdad es que fue muy poco a poco. Queremos seguir mejorando, tener la página web para vender en línea y llegar a más gente.
¿Cuáles son los productos más vendidos?
Sara: Bolsos, pulseras, colgantes, pendientes… quizá lo que más se vende son los colgantes. Y también las agujas, réplicas de las que usamos para trabajar. Depende mucho también de la época.
María Jesús: También colaboramos con una diseñadora de la zona. Ella hace sus diseños y nosotras ejecutamos partes de las piezas. Como esta lámpara que estamos terminando (ver foto).

¿Y otra forma de diversificar el trabajo es el turismo marinero? ¿También es un recurso para vosotras?
María Jesús: Nuestro trabajo principal son las redes, sí. También tenemos turismo marinero, que suele ser a finales de primavera y verano. Colaboramos con ciertos operadores que nos traen grupos de gente que quiere conocer el patrimonio cultural marinero de la zona. Por otro lado, estamos trabajando en un proyecto con el GALP para hacer este trabajo de forma más profesional, organizada y con un relato.
Tenéis unas redes sociales activas y atractivas. ¿Esto os ayuda a acercar vuestro trabajo, tanto en redes como en artesanía, al público general? ¿Notáis ese cariño o interés de vuelta?
María Jesús: Las redes sociales sí que nos dan mucha visibilidad. De hecho, los medios de comunicación se interesan por nosotras y el público se da cuenta de que las redes las hacen mujeres. Sobre todo notamos el reconocimiento de gente que no tiene relación con el sector. Dentro del propio sector, confío en que las generaciones más jóvenes nos valoren más.
Hace unos meses se creó la Alianza de Rederas, Neskatillas y Empacadoras de la Costa Atlántica Norte y Cantábrica. ¿Qué objetivos perseguís con esa unión?
María Jesús: Trabajamos de forma diferente pero todas compartimos los mismos objetivos: querer estar en la Ley de Pesca. Porque no somos extractoras y no estamos en la ley, pero cuando hay un parón en los barcos, a nosotras también nos afecta. Nos vamos a casa igual que los marineros. Firmamos la alianza porque tenemos unas necesidades específicas como rederas y necesitamos unirnos para tener más fuerza al reclamar nuestros derechos.
Para terminar, como ya habéis dicho, veis con pesimismo el relevo generacional. ¿Creéis que está en peligro la continuidad del oficio?
Sara: Ahora mismo las compañeras se están jubilando y no hay un atractivo económico para las chicas jóvenes. Es un trabajo duro, pero si hubiera recompensa económica, habría gente.
María Jesús: Parece que lo que decimos es negativo, pero no todo es así. Es un oficio bonito, que te conecta con el mar, con los oficios artesanales… y es un trabajo que fija población en las localidades. También tenemos aspectos positivos: podemos conciliar, disponemos de nuestro tiempo y nos apoyamos unas a otras.
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